«Gracias a Anquela estoy donde estoy, fue un soplo de aire fresco en mi carrera»

«Gracias a Anquela estoy donde estoy, fue un soplo de aire fresco en mi carrera»
Christian Fernández, zaguero del Real Oviedo

«El punto negro que se le puede poner a esta plantilla es no dar ese paso más de ambición en ciertos momentos esta temporada»

Iván Álvarez
IVÁN ÁLVAREZ

Generoso en la conversación, Christian Fernández (Santander, 1985) muestra sin necesidad de recurrir a eufemismos su visión del fútbol, impregnada de el espíritu colectivo. El cántabro destila admiración por Anquela, al que define como el entrenador más importante de una carrera profesional que cumple su duodécima temporada y fue reflotada a través del técnico jienense en Huesca.

-36 jornadas y en séptimos, pero a dos puntos del quinto y con un duelo entre ambos este domingo. ¿Lo hubiese firmado el pasado agosto?

-Cuando uno empieza un nuevo curso la intención es siempre aspirar a lo máximo. Todos los equipos quieren ser campeones en Segunda, subir de forma directa. Es primordial ser conscientes de lo que es el Real Oviedo y su potencial comparándolo con el resto de entidades, pero esto no son matemáticas. No hay un resultado objetivo, muchas veces son estados de ánimo o de forma. Estamos en disposición de pelear unos 'play off' que durante todo el año hemos estado persiguiendo. Si algo ha demostrado este equipo es hambre y un sentimiento competitivo muy fuerte desde la figura del míster, que te lo inculca en el día a día. Esperemos estar a la altura y lograr ese ansiado 'play off'.

-¿Qué ventaja hay respecto a la campaña pasada para conseguirlo?

-Equipo, creo que esa es la palabra clave. Quizás la gente puede comparar unas plantillas con otras y pensar que eran mejores que la de este año, pero al final la realidad es ese sentimiento de equipo. Eso lo hemos conseguido este año, el míster ha luchado mucho por aunar un grupo muy hermético, en el que todos seamos como una pequeña familia. Como en todas, hay momentos malos y buenos, pero siempre ha marcado una línea a seguir y por suerte no nos hemos salido de ese guión. Luego, los resultados dictan si el año ha sido bueno o malo, pero en ese sentido el equipo está dando la cara. Quizás nos ha faltado mayor regularidad, que es la que exige esta Liga, pero algo hemos debido de hacer bien cuando en la jornada 36 estamos todavía luchando.

-¿Sus rivales eluden mejor la presión oviedista que en meses atrás?

-(Hace una pausa) Hablando de la última jornada, que es la más cercana, hubo un equipo que sí demostró esa necesidad de jugarse la última bala que les quedaba. Eso lo transmitió en el juego. Creo que es lo que nos faltó, ese sentimiento de necesidad mayor que la del rival. No la supimos transmitir o no salimos con la suficiente tensión que exigía el momento de la temporada en el que nos encontramos. Es lo que más se nos puede achacar, no aprovechar esos momentos en los que vienes de dos victorias consecutivas y puedes engancharte con una tercera para consolidarte en los puestos de 'play off' y dejar a un rival prácticamente tocado como era el Valladolid. Ese es el punto negro que se le puede poner a esta plantilla, no dar ese paso de ambición en ciertos momentos que ha habido esta temporada.

-Con Anquela da la sensación de que tiene un vínculo distinto al de entrenador-jugador al uso.

-Del míster solo puedo decir cosas buenas. Nuestros caminos se cruzaron en mi peor momento profesional, en el que más dudas internas tenía, y fue un soplo de aire fresco en mi carrera. Llegó el primer día y me dijo 'vas a ser mi lateral izquierdo o mi central. Solo quiero que hagas lo que sabes, que tengas esa intensidad, esa humildad para trabajar y tendrás en mi el máximo apoyo'.

-Esa campaña supuso un punto de inflexión en su carrera.

-Ahí se empezó a fraguar una relación más que profesional. El año que vine para aquí, que fue gracias a esa confianza, seguimos manteniendo una relación más cercana. Nos preocupábamos el uno por el otro, por los resultados, por el día a día y por la vida. Cuando me enteré de que podía acabar en el Oviedo fue una tremenda alegría. Cada vez que le oigo decir que está en el sitio que quiere estar sé que lo dice de corazón. Hoy en día está feliz en Oviedo y va a dar el máximo de sí para hacer feliz también a la afición.

-Ha tenido entrenadores con bagaje internacional, pero por lo que cuenta Anquela es el más influyente en su carrera.

-El que más. A los entrenadores no los valoro porque sepan más o menos, lo hago por cómo tratan al futbolista. Para mí, el mejor es Anquela, porque de donde no hay nada saca el máximo rendimiento. Da la cara por su gente y no le puedes defraudar. Hoy en día estoy donde estoy gracias a él. Tengo que agradecérselo de la mejor manera que sé, en el terreno de juego.

-En esa parcela tienen una visión similar.

-La fuerza de este Real Oviedo es la del colectivo. Individualmente a todos nos viene a la cabeza que los tres de esta plantilla con mayor talento o desequilibrio son Aarón, Saúl y Fabbrini, pero todo el peso no puede recaer individualmente en Saúl y puntualmente en Aarón. Es imposible porque no van a estar bien durante 42 jornadas, en las que hay lesiones y sanciones. Este grupo se sacrifica uno por el otro, no da un balón por perdido, muestra una presión alta... Esas son sus señas de identidad.

-Virtudes que les darían garantías de cara a un 'play off'.

-Creo que sí. Lo primero porque contamos con una ventaja que no tiene el resto de rivales, que es el Tartiere. A pesar de que igual este año no se ha mostrado el nivel tan sólido del anterior sigue habiendo ese aura de temor de los rivales al ir a un estadio como el Tartiere y enfrentarse al Real Oviedo. El equipo compite y ese factor en unas eliminatorias tan cerradas es determinante.

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