David Rocha: «Vamos a llegar en buena situación al esprint final»

David Rocha: «Vamos a llegar en buena situación al esprint final»
David Rocha, centrocampista del Real Oviedo

«Anquela es una persona muy sufrida, le gusta tenerlo todo bajo control y que su equipo compita en cada centímetro del campo al 120%»

Iván Álvarez
IVÁN ÁLVAREZ

En su segunda temporada en el Real Oviedo, David Rocha (Cáceres, 1985) ha entrado en el cuarteto de capitanes azules por veteranía y espíritu colectivo. «Mi hermano mayor jugaba al fútbol en categorías amateurs y me gustaba mucho ir a verle. Incluso cuando se quedaba dormido era yo el que le llamaba para despertarle. Ahí cogí el vicio del fútbol, especialmente por el ambiente que se vive. Me gusta mucho el compañerismo», expresa el centrocampista extremeño, siempre dispuesto a asociarse dentro y fuera del terreno de juego. Convencido de reconciliarse con el triunfo el domingo, celebró el ascenso a Segunda B con el Cacereño y dio el salto a Segunda con el Nástic. El último peldaño de su escalera anhela completarlo en el Carlos Tartiere.

–Con 16 años ya estaba en Tercera División.

–Por entonces la Tercera era más dura, absolutamente diferente a lo que es ahora. Recuerdo a varios equipos con presupuestos altos y tuve la suerte de debutar con el de mi tierra y acabar consiguiendo el ascenso. Dar tus primeros pasitos en casa y encima lograr un ascenso te ayuda a aprender, porque compartes vestuario con gente que tiene muchísima experiencia. Estoy infinitamente agradecido por cómo me trataron en aquella etapa y ahora con más edad, siempre que viene alguien de la cantera, me gusta que se encuentren cómodos por eso. A mí me facilitaron las cosas e intento tratarles como lo hicieron conmigo.

–Tiene un pequeño porcentaje de culpa en la llegada de Simeone al banquillo del Atlético

–(Ríe) Sí, sí, fue curioso. En mi primer año en el Alba conseguimos algo que parecía impensable, eliminar al Atlético de Madrid en Copa del Rey. El entrenador era Goyo Manzano, le ganamos el partido de casa 2-1 y fuimos el otro partido a jugar al Calderón antes de las fiestas de Navidad. Con 3.000 albacetistas en la grada conseguimos ganar 0-1 a un equipo que ganó aquel año la Liga Europa. Después vino ‘El Cholo’ y como mi padre y mi hermano son muy atléticos siempre bromeo diciéndoles que la época dorada del Atlético llegó por culpa de ese Albacete.

–¿Por carácter y esa apelación al sufrimiento y a lo inmediato es Anquela el Simeone del oviedismo?

–El míster es una persona muy sufrida, que se lo toma todo muy a pecho y vive todo al máximo. Tienen muchas similitudes, son dos entrenadores a los que les gusta mucho que sus equipos sean intensos y ordenados, que compitan cada partido al 100%. Ambos no piensan más allá del siguiente partido. El fútbol te demuestra que de nada te sirve hacer cuentas, porque si el primer domingo fallas la calculadora se te va al garete. Son muy metódicos, les gusta tenerlo todo bajo control y que sus equipos compitan cada balón en cada centímetro del campo al 120%.

–Al igual que su entrenador, lo suyo con el Oviedo venía de largo.

–Después de mi primer año en Tarragona, en el que no conseguimos, era el primero desde el inicio del Grupo Carso y recuerdo que Carmelo (del Pozo) me llamó para ver las posibilidades que había para venir aquí, pero tenía un año más de contrato y era imposible marcharme. Cuando estaba en Oviedo Pichi Lucas, que había sido mi entrenador en Cartagena, también me comentó algo, pero las cosas no se dieron. Cuando menos lo esperaba fue cuando se cerró la oportunidad de venir.

–Ha mezclado bien desde el principio con Ramón Folch.

–Nos compenetramos muy bien. Tenemos muy buena relación y al final una vez que estás dentro se agradece. Saber que tienes de escudero a alguien en el que confías y que él confía en ti ayuda a que salgan las cosas de manera mecánica. Nos está tocando a nosotros dos más minutos, pero tenemos a dos leones por detrás. Patrik (Hidi) y Mariga no nos dejan tomarnos un respiro porque están siempre al acecho y es el objetivo que tenemos como grupo, competir de manera interna.

–¿El derbi era una deuda que más temprano que tarde había que saldar?

–Lo palpábamos en la calle. Habían sido muchos años de tragar barro, con momentos muy duros. El que es oviedista de verdad lo puede explicar mucho mejor que yo. Ese sentimiento después de haber ganado un derbi, ya no solo por ganarle al eterno rival, era como decir: ‘hemos estado muchos años muy jodidos, pero el Real Oviedo ha vuelto y lo ha hecho para quedarse y para dar guerra, para pelear por objetivos importantes y que aquellos duros momentos han quedado atrás’.

–¿Fue el partido más bonito de su carrera?

–Sí, probablemente. He tenido la suerte de poder ascender a Segunda División, que es completar el objetivo de una temporada, pero sí que es verdad que aquel partido fue muy bonito porque nos sentíamos responsables de la felicidad de mucha gente. Sabíamos que para el oviedista era una semana de mucha tensión, así que nosotros teníamos esa responsabilidad de que eso se produjera. Cuando el árbitro pitó el final, ver la alegría de tantísima gente y la nuestra lo hizo todo muy especial.

–También reflejó el paso adelante respecto a la unidad del vestuario esta temporada.

–Este año no está habiendo ningún problema de puertas para adentro. Los resultados no están acompañando, pero la dinámica sigue siendo la misma. La gente lo pudo ver con varios vídeos de ese día del Sporting cómo la gente de fuera apretaba tanto o más como los que están jugando. Eso lo tenemos bajo control, no tenemos ningún problema en ese aspecto y nos va a ayudar a revertir esta situación cuanto antes.

–Frente al temor de repetir la historia de temporadas previas, el bache ha llegado antes.

–El equipo está muy convencido de que a partir de este domingo va a revertir su situación. No tenemos ninguna duda de que vamos a sacar los tres puntos con el apoyo de nuestra gente y ganando un partido muchas dudas se van a disipar. El equipo se va a volver a colocar en los puestos de cabeza y vamos a llegar en buena situación al esprint final.

«Por los malabares que ha hecho, el míster es como el protagonista de 'Breaking Bad'»

-¿Es más difícil traducir las broncas de Anquela a Yeboah o controlar la medular?

-(Ríe) Me ha tocado ese papel y la verdad que traducir al míster es complicado. Más o menos me quedo con el grueso de lo que quiere decir. A veces me pide «tú dile, tú dile» y le tengo que pedir que me repita lo que ha dicho. Me toca explicarle a Yeboah, que es el que menos domina el español. Sé lo duro que es estar fuera de tu país y con otro idioma, intento echarle un cable.

-¿Le hizo madurar deportivamente esa experiencia en Houston?

-Es una liga totalmente diferente, como la NBA, pero en fútbol. Hay mucho correcalles. Para que la gente se dé cuenta, los premios individuales casi priman sobre los colectivos. Hay jugador de la semana, hasta del partido. Es un escaparate muy grande para jugadores latinos, de países como Costa Rica u Honduras, que quieren mostrarse y convierten los partidos en caóticos, con mucho ida y vuelta. Echando la vista atrás fue una experiencia muy buena y volvería a tomar la misma decisión.

-Lleva la batuta en la faceta audiovisual en las concentraciones.

-En los viajes que son más largos llevamos series en el Ipad para matar las horas y yo que comparto habitación con Miguel (Linares) intento recomendarle. Ahora con mi hija, que está empezando a andar, casi no me deja tiempo. De vez en cuando le echo el ojo a alguna y estoy viendo 'Por 13 Razones', pero mucho más despacio de lo que las veía antes.

-Si tuviese que elegir, ¿qué personaje de ficción sería Anquela?

-Con el año que llevamos de lesiones, que ha tenido que hacer malabares con el esquema para intentar que el equipo tenga un buen rendimiento, el símil sería con el protagonista de 'Breaking Bad', que tiene que mezclar de un lado y de otro para conseguir el producto.

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