Un director para la orquesta azul

Un director para la orquesta azul
Sergio Tejera golpea el balón presionado por Christian Fernández en su último duelo en el Carlos Tartiere. / ÁLEX PIÑA

El Oviedo pretende sumar creatividad a su nuevo proyecto con la llegada de Tejera

Iván Álvarez
IVÁN ÁLVAREZ

La conclusión del campeonato liguero en Segunda División el pasado sábado ejerció como pistoletazo de salida formal para la nueva temporada en la mayoría de los clubes, que mueven ficha en la complejo trasiego que caracteriza al mercado estival de traspasos. El arranque del mes de junio va aparejado a despedidas y refuerzos tempraneros como los que negocia el Real Oviedo.

Con Mariga fuera de la disciplina oviedista y Hidi como firme candidato a salir del club, los azules deben remodelar su medular. El centrocampista del Nástic Sergio Tejera es el objetivo preferido para reforzar la sala de máquinas oviedista en la segunda temporada a las órdenes de Juan Antonio Anquela. El vínculo del barcelonés con el club tarraconense expira el 30 de junio y la secretaría técnica del club carbayón, como ya hizo el pasado año con Ramón Folch, se ha movido con agilidad para posicionarse bien en la carrera por hacerse con los servicios de una de las piezas más codiciadas por la mayoría de clubes de Segunda.

Su llegada agregaría creatividad y fluidez al engranaje ofensivo desde la parcela ancha, una carencia presente en el Carlos Tartiere desde el regreso a Segunda División. Por diferentes motivos, ni Edu Bedia ni Borja Domínguez ni Hidi han cumplido con las expectativas despertadas a su llegada a la capital del Principado. El club trata de poner remedio a esa tendencia con Tejera, que guarda similitudes con los tres en su estilo de juego, pero ha mostrado mayor continuidad y competitividad en sus prestaciones a lo largo de su trayectoria profesional, iniciada en Mallorca tras un precoz salto al Chelsea.

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Frank Arnesen, centrocampista danés que desembarcó en el fútbol español al inicio de la década de los ochenta de la mano del Valencia, detectó su talento cuando apenas era un adolescente que despuntaba en la cantera del Espanyol e incluso ejerció como su traductor en sus primeros días en Cobham, centro de operaciones del gigante 'blue'. Su andadura británica se torció pronto, con una tempranera lesión propiciada por una dura entrada que le mostró la dureza de las categorías formativas del fútbol inglés y un año y medio después volvió a España de la mano del Mallorca.

De nuevo un centrocampista nórdico, Michael Laudrup, se cruzó en su camino y apadrinó su bautismo en la élite del fútbol español y supo mimarle para que luciese su creatividad en territorio balear. En Tarragona, tras dos etapas con protagonismo decreciente en las filas del Espanyol y el Alavés, el expivote de contención Vicente Moreno le hizo progresar en el aspecto defensivo para iniciar una transformación de mediapunta talentoso a mediocampista capaz de llevar el ritmo del equipo. En plena madurez deportiva, el catalán, que se colgó la medalla de plata en el Mundial sub 17 de 2007 como integrante de una generación liderada por De Gea y Bojan, es un metrónomo en busca de nuevos ritmos.

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