Electricidad para el ataque azul

Aarón Ñíguez, durante su etapa en el Almería.
Aarón Ñíguez, durante su etapa en el Almería. / E. C.

Con la llegada en las próximas horas de Aarón Ñíguez, Anquela contará con desequilibrio en la línea de tres cuartos

IVÁN ÁLVAREZ OVIEDO.

Con premura para que estén presentes en el inicio de la pretemporada en El Requexón el 10 de julio, el Oviedo comienza a proporcionar a Anquela las nuevas piezas para que las ensamble con su sello. Reclutada la contundencia de Carlos Hernández y el equilibrio en la zona ancha de Ramón Folch, los dos primeros fichajes anunciados, el club sigue revistiendo su plantilla y en las próximas horas dará oficialidad a la llegada de Aarón Ñíguez, que añadirá electricidad a la parcela ofensiva.

En la estructura de cabecera del técnico andaluz, la medular está poblada por dos pivotes en los que predomina la disciplina táctica sobre la capacidad creativa, que se encomienda a la línea de tres jugadores por detrás del delantero, en la que ambiciona afianzarse en el Tartiere el nuevo refuerzo. Un jugador que pertenece a la extensísima lista de atacantes que iniciaron su trayectoria profesional en el carril central para desplazar su posición de partida sobre el terreno de juego cerca del costado.

Veloz, con un buen cambio de ritmo y facilidad para golpear el balón con ambas piernas, Aarón Ñíguez añadirá con su llegada al Real Oviedo el undécimo club a su currículo deportivo. El ilicitano llegará al Carlos Tartiere en la madurez de una carrera profesional iniciada de manera meteórica, con un bautismo en la Liga de Campeones antes de alcanzar la mayoría de edad. Un en un escenario imponente como el Olímpico de Roma que se vio torpedeado antes de la ecuador de la primera mitad con un problema muscular en los isquiotibiales, mes y medio después de que Quique Sánchez Flores le hiciese debutar con la primera plantilla valencianista en la recta final de un encuentro de Copa del Rey.

El debut precoz suponía el siguiente paso dentro de una rutilante progresión en la que había devorado los peldaños de la cantera del Valencia, a la que había llegada a los 11 años procedente del Caja de Elche. Su carrera iba tan deprisa como sus condiciones en campo contrario, repletas de desparpajo y con esos regates que le permiten ejecutar de forma sencilla su bajo centro de gravedad. Y hasta el primer revés con el descenso a Tercera del filial valencianista se mitigó de forma inmediata con su título de campeón de Europa sub 19, con una selección española en la que dejaba destellos de talento como líder de la medular Dani Parejo y los carriles de la zaga estaban ocupados por los exoviedistas Víctor Díaz y Javi Cantero.

El club de la capital del Turia le envió a préstamo ese mismo verano al Xerez, pero, en un equipo acuciado por el descenso, la cesión no obtuvo el resultado esperado y ante la falta de minutos se embarcó en el mercado invernal en la primera de sus tres experiencias en clubes más allá de las fronteras españolas. Aceptó la propuesta del Iraklis, por entonces dirigido por Ángel Pedraza, recuperó la confianza en Grecia y después salió de nuevo al Glasgow Rangers, seducido por la posibilidad de disputar competiciones europeas.

En la capital escocesa su perfil creativo chocó con el estilo de juego directo por el que siempre apostó el entrenador Walter Smith y, pese a que había acordado jugar allí dos campañas, al término de la primera rompió el vínculo con el club para encontrar una sintonía más adecuada con el estilo de Eusebio en Balaídos. Cuando comenzaba a repuntar tras convertirse en el máximo artillero español en el Mundial sub 20 gracias a que dejó su firma en cuatro tantos pese a concluir su participación en cuartos de final, todo se torció al sufrir una grave lesión de rodilla cuando comenzaba a ganar peso en el Celta.

Aarón siguió los pasos de su hermano mayor Yoni, reciente fichaje del Mallorca, y heredó la pasión por el fútbol de su padre Boria, referente goleador del Elche en la década de los ochenta, cuando celebró un ascenso a Primera con Anquela como compañero de vestuario. El benjamín de la saga es Saúl, que recibió la primera oportunidad de Simeone en la primera plantilla del Atlético mientras su hermano trataba de dar un impulso más a su carrera en el Almería después de concluir su larga lista de cesiones a cargo del Valencia en el Recreativo de Huelva.

La etapa en Andalucía concluyó en el ecuador de la segunda temporada en el conjunto almeriense fruto del fuerte arraigo por su tierra. Le surgió la opción de jugar como local en el Martínez Valero al igual que su padre y se vistió de franjiverde. Emocionado en su presentación, después contribuyó al ascenso a Primera junto al oviedista Linares y canterano azul Pelayo logrando el récord de puntuación del club. A las órdenes de Fran Escriba adquirió ese sacrificio defensivo para ayudar a su lateral que tanto aprecian técnicos como Anquela en una etapa en la que su protagonismo en la élite fue creciendo hasta sufrir un viraje más en el carrusel de emociones que compone su trayectoria deportiva. La buena marcha dentro del terreno de juego no se vio acompañada en los despachos de la entidad, que recibió el mazazo del descenso administrativo.

De nuevo en el extranjero

Tras sufrir el golpe más duro de su carrera, como lo ha calificado él mismo, el mediano de los hermanos Ñíguez Esclápez probó de nuevo fortuna en el extranjero y aceptó la oferta del Sporting de Braga. En Portugal no asumió un papel protagonista en el conjunto dirigido por Paulo Fonseca y un año después se desvinculó del club tras añadir la Copa de la Liga lusa a su palmarés, en el que también figura una medalla de oro en los Juegos Mediterráneos.

Se enroló en el Tenerife al filo del cierre del mercado estival, después de rechazar varias propuestas con la esperanza de recibir una en firme del Elche y esperando ofertas de Primera que no se concretaron. En el club 'chicharrero' alcanzó los cuarenta partidos entre todas las competiciones y la afición le recompensó su rendimiento al premiarle con el galardón de mejor jugador del equipo en el primer mes de 2017.

Preciso para asumir la responsabilidad en la ejecución de las jugadas a balón parado, en ocasiones le lastra la irregularidad y su colmillo no está tan afilado en la faceta goleadora como prometía en su trayectoria formativa. Tras quedarse a las puertas de la élite del fútbol nacional con el cuadro canario, desechó su oferta de renovación en busca de un proyecto con aires renovados. Su dinamismo y facilidad para generar desequilibrios comienzan a completar la parte de arriba del puzle azul.

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