El espejo del temperamento oviedista

Toni Cuervo, durante su etapa al frente de la Asociación de Veteranos del Real Oviedo. / MARIO ROJAS
Toni Cuervo, durante su etapa al frente de la Asociación de Veteranos del Real Oviedo. / MARIO ROJAS

Fallece a los 85 años Toni Cuervo, el tercer jugador que más veces vistió la camiseta del conjunto azul | Disputó diecisiete temporadas en el Carlos Tartiere y tras colgar las botas llevó las riendas del equipo en tres etapas

IVÁN ÁLVAREZRAMÓN JULIO GARCÍA OVIEDO.

Una vida teñida de azul. En un deporte en el que cada vez priman más los besos vacíos al escudo, Toni Cuervo honró el del Real Oviedo durante los 85 años de una vida que terminó ayer para lamento de todos los estamentos de un club al que contribuyó a engrandecer desde varios prismas.

«Hablar de Toni es hablar del Real Oviedo, es difícil encontrar un mayor amor a los colores», recuerda sobre él Juan Mesa, su compañero sobre el césped del Carlos Tartiere desde 1964 a 1967, año en el que colgó las botas y recibió un homenaje en forma de duelo contra el Sporting antes de pasar a desempeñar el rol de secretario técnico. Ese cambio suponía el cierre a una extensa etapa de diecisiete temporadas con la casaca azul, con la que celebró dos ascensos a Primera División y dejó una huella imborrable por su capacidad de liderazgo.

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«Era el espejo en que todos nos mirábamos», confiesa Mesa, que le acompañó en el rol de segundo entrenador cuando asumió las riendas del conjunto carbayón. Se sentó en el banquillo local del municipal ovetense en tres etapas distintas. Entre la segunda y la tercera, se puso al frente del Caudal y del Ensidesa, al que guió al ascenso a Segunda. Después de una promoción fallida ante el Tenerife, se resarció dos años más tarde con un doble triunfo sobre el Barakaldo que concedió a los avilesinos un lugar en la categoría de plata.

Con el cariño de la Villa del Adelantado regresó a su Oviedo natal para dirigir una última temporada al conjunto carbayón antes de aceptar la propuesta del Celta para tratar de plasmar en la pizarra los conceptos de un deporte del que comenzó empaparse en las calles del barrio de Pumarín, con un balón de trapo como la mayoría de niños de su generación. Lo hacía por las tardes, tras colaborar en el puesto de frutas y verduras que su abuela tenía en el casco antiguo de la ciudad.

Los días en el taller mecánico de su padre precedieron su incorporación al Real Oviedo. Emergió desde el Vetusta a una primera plantilla en la que se convirtió en pieza fundamental. Para el recuerdo quedan sus marcajes a Gento, muy descriptivos respecto a su tipología de juego.

«Un hombre de club»

«Si una palabra definía a Toni Cuervo era el pundonor, su entrega a favor del equipo», expone Juan Mesa, que le recuerda como «un ejemplo de hombre de club». Leal a los colores azules, a los que entregó toda su trayectoria deportiva sobre el césped con la excepción de un breve paréntesis cedido al Atlético de Madrid por la gran relación entre ambos equipos, tras su retirada recibió fue distinguido con la Medalla al Mérito Deportivo y el Trofeo 'Monchín Triana', que premiaba a las personas que había tenido una vinculación especial con la entidad.

En el podio de jugadores que más encuentros defendió la camiseta oviedista con 351 apariciones en duelos ligueros, fue el máximo dirigente de la Asociación de Veteranos del Real Oviedo, que lo nombró presidente de honor de la misma. Esforzado en la retaguardia sobre el césped del Carlos Tartiere, se vio obligado a mostrar su resiliencia fuera de él cuando perdió a su hermano Fernando, también futbolista, en un accidente de tráfico con su compañero en el Granada Lalo.

El exzaguero, muy querido en el seno de la entidad carbayona, recibió el pasado mes de abril la insignia de oro del club por sus cincuenta años como abonado junto a antiguos compañeros de vestuario. Exjugadores que ayer se vieron obligados a despedirse de un símbolo que encarnó como pocos los valores oviedistas.

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