un lateral disfrazado de '10'

JON CARRERA

Empezaré por el final. Sin ánimo de ofender, no me gusta la ‘haka’. Y ayer menos que nunca. Quizá porque se se cerró el círculo, aquel que dibujo uno de los viajes más desagradables para un equipo de fútbol y su afición. O simplemente porque ya la tengo muy vista. Y no en el Carlos Tartiere.

Sí me gustó el partido. Creo que el Real Oviedo jugó un derbi distinto al Sporting. Y creo que la afición jugó un partido distinto a los de siempre. Me gusta que el protagonista sea un secundario porque es posible que nadie esperara esta situación. Ni siquiera nosotros mismos. Como no esperábamos que un lateral izquierdo ‘roxu’, disfrazado de ‘10’, nos hiciera ganar un derby quince años después.

Primero con la de plata y después con su zurda, como cualquier ‘viceverso’, consiguió que los goles fueran una mezcla de alegria y estupefacción. Como si el partido pasara a un segundo plano. Como si no miráramos al marcador hasta que no nos cercioráramos con el de al lado que habíamos visto lo mismo.

Me gustó la reacción al 0-1. Me gustó el empaque con el 2-1. Hasta me gustó que el italiano Fabbrini no sentenciara con el 3-1. Seguro que esa rabia la transforma en puntos no más pronto que tarde. Me gustó que el mejor de rojiblanco fuera un canterano azul. Y, sobre todo, me gustó las caras de la gente al subir las escaleras del Carlos Tartiere entre la lluvia. Quizá porque el filial ya no es el rival, si es que alguna vez lo fue, ni en Gijón ni en la capital.

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