Morir a la orilla

«Ha faltado fútbol pero Anquela ha conseguido muchas cosas con este equipo»

Jon Carrera./Hugo Álvarez
Jon Carrera. / Hugo Álvarez
JON CARRERA

Llegó la meta y el Real Oviedo se quedó a las puertas de acceder a los Playoff de ascenso a la máxima categoría del fútbol español. La noche pintaba mal, pero según avanzaba parecía que los astros se alineaban en favor de nuestros intereses. Yo era bastante optimista ya que en ese momento se estaba casando mi excompañero y amigo Rubenín. Contra todo pronóstico se presentó con su elegante traje en lugar y hora, por lo que lo del Tartiere debía ser «pan comido». Pero por desgracia solo se obró uno de los milagros y nos quedamos a un gol de la Cultural y Deportiva Leonesa en Soria, o a un gol en cualquiera de aquellos partidos que no se van de nuestra mente. Morir en la orilla. Siempre se habla de que una Liga te coloca donde mereces, pero siempre cuesta digerir estar tan cerca de tu objetivo y quedarte con la miel en los labios. Viendo la trayectoria del equipo estos últimos meses recordé a un viejo ciclista polaco que animaba mis veranos (en concreto uno) en las piscinas de la carretera hacia Molinaseca (un precioso pueblo berciano). Su presencia era el único aliciente en aquel duelo Induráin-Rominger. Era 'El rey de la goma', algo que no está muy bien visto en ciclismo. Se trata de ir perdiendo contacto en cada acelerón y volviendo a contactar más adelante con el grupo. Derrotas, dejarse puntos inexplicables combinado con victorias y puntos también inexplicables. Hasta el final enganchados. Con la esperanza que te otorga el poder tocar a tus rivales. Es difícil escoger un momento de la temporada, y más en la recién finalizada. Que si el gol de Toché, que si la varita de Saúl de cada jornada, que si aquellos dos goles de Mossa... Incluso hay gente que elegiría la 'haka' tras cada victoria en el Tartiere (tiene que haber de todo). Pero yo , sin lugar a dudas, me quedaría con aquellos dos partidos seguidos fuera de casa contra Huesca y Rayo (el derbi no cuenta). Hay algo en el discurso de Anquela a lo que todavía me agarro, y es su constante reivindicación sobre practicar buen juego. Ciertamente se le nota dolido en este aspecto. Por no haber dado con la tecla (o no haberla tenido) y sobre todo por el encasillamiento en el que se encuentra. La innegociable defensa de cinco, el «hasta el último minuto del último partido» han conseguidos que olvidemos sus momentos en Alcorcón y Huesca a base de fútbol. Ha logrado un nivel de compromiso enorme, algo tremendamente difícil para un entrenador. Pero ha faltado fútbol. Ha faltado generar, han faltado más partidos en los que nuestro único problema fuera no haber acertado. Como el de El Alcoraz, como el de Vallecas. Quizá la explicación que haya que buscar no es el porqué del descalabro final. Quizá deberíamos analizar qué nos llevó a maldecir ser superior a dos equipos que acaban de ascender. Parece que el club no se ha quedado en el final y ha decidido fortalecer esos brotes verdes con la continuidad de Juan Antonio Anquela. Parece que el club quiere moverse rápido y suenan futbolistas que pueden completar lo bueno que ya existe en esta plantilla. Una plantilla que tiene que reivindicarse, de la mano de un jienense que sabe que en la Liga 123 ser el 'rey de la goma' te da para ir tirando. Incluso ganar alguna batalla, como aquella etapa que Zenon Jaskula le levantó a Tony Rominger en el Tour de 1993, pero que jamás te permitirá ponerte el maillot amarillo.

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