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Real Oviedo

REAL OVIEDO

Un Real Oviedo camaleónico

Un Real Oviedo camaleónico
  • Los resultados del conjunto azul no parecen depender del sistema de juego

  • Fernando Hierro ha cambiado el dibujo del equipo a lo largo de la temporada en varias ocasiones, la última para jugar con cinco defensas

Suele decir el técnico argentino Marcelo Bielsa que reducir la forma de jugar de los equipos a números es cosa de los periodistas para simplificar y ocultar su falta de conocimientos futbolísticos. Tampoco al entrenador del Real Oviedo, Fernando Hierro, le gusta apelar a la geometría para hablar de su equipo y habitualmente se refiere a lo que supone dentro del dibujo de partida del equipo que un jugador adelante o atrase su posición unos metros.

A lo largo de la temporada el técnico malagueño ha ido cambiando el sistema de juego del equipo, tanto de inicio como a lo largo de los encuentros, en función de distintas variantes como el rival, el terreno de juego, la disponibilidad de jugadores que tiene o bien las distintas circunstancias que se van dando en el partido. En las dos últimas jornadas de Liga el técnico ha estrenado dos dibujos diferentes, con la novedad de usar en ambos cinco defensas, con tres centrales y dos carrileros largos.

Por encima del sistema, normalmente está el estilo de juego de los equipos, que en el caso del conjunto ovetense también ha sufrido una modificación a lo largo de la temporada. El equipo comenzó queriendo practicar un juego más posicional y de posesión, pero los mejores resultados han ido llegando cuando se mudó a más directo y aprovechando la pegada en ataque.

Lo que está claro a estas alturas de la temporada es que la idea del técnico es tener un equipo versátil que se adapte a las circunstancias. Con la llegada de los fichajes del mercado de invierno, Saúl Berjón, David Costas, Carlitos y Borja Domínguez, además de comenzar a contar con Diegui Johannesson y Jonathan Vila, que han respondido a las oportunidades, las variantes aumentan para el técnico.

El sistema que más ha utilizado el equipo a lo largo de la temporada fue el 4-4-2, con pequeños matices. El equipo comenzó con ese dibujo la temporada y lo mantuvo las seis primeras jornadas. Sin embargo, en la sexta ante el Cádiz, después de cuatro encuentros sin ganar, el técnico cambió el sistema en Cádiz. El equipo salió entonces con un 4-1-4-1, que propició la mejor racha del equipo, ya que encadenó siete jornadas consecutivas sin perder y alcanzó la zona más alta de la clasificación.

En esa forma de jugar, una de las variaciones que introdujo el técnico fue la presencia de Linares en la banda izquierda del centro del campo. Eso le permitía al equipo, pese a jugar con un solo punta, tener presencia en el área contraria con las llegadas del aragonés.

Además de lo anterior, el sistema inicial iba perdiendo importancia con la presencia en el equipo de Michu. El ovetense hacía que cambiara la disposición del equipo, en función de que fuera más acompañante de Toché en punta o, como sucedía en algunas ocasiones, se retrasara al centro del campo para ayudar a iniciar el juego del equipo.

En todos los sistemas el denominador común es la presencia de Lucas Torró, bien como único 'ancla' del equipo, jugando por delante de la defensa, o bien en el doble pivote. En esa posición estuvo acompañado en ocasiones por Jon Erice, lo que confería al centro del campo una versión más de contención, o por David Rocha, en lo que era la variante más destinada a tratar de salir combinando por el centro.

El conjunto ovetense acabó su buena racha de resultados de forma abrupta ante el Huesca, donde encajó un contundente 4-0, con un 3-0 al descanso. A partir de entonces el equipo se mantiene en la zona alta de la clasificación gracias a su solvencia en el Carlos Tartiere y el técnico fue tratando de realizar ajustes en el sistema en busca de un mejor rendimiento a domicilio que no acaba de llegar.

Un ejemplo de ello es el partido del Sánchez Pizjuán ante el filial del Sevilla, en el que el técnico optó por reforzar el centro del campo con un 'trivote', con David Rocha, Lucas Torró y Jon Erice. El otro cambio en ese encuentro fue el de buscar la velocidad por las bandas, con Nando, que había comenzado la temporada como titular y fue desapareciendo del equipo, y la primera oportunidad en la que Jorge Ortiz formó en el once inicial. El resultado distó mucho del esperado y nuevamente el equipo encajó tres goles en la primera mitad. El técnico reaccionó y volvió tras el descanso al 4-4-2, con el debut de Saúl Berjón. El equipo mejoró y, aunque acabó perdiendo, llegaron tres goles y una reacción que agradó al entrenador.

El equipo volvió a mantener el 4-4-2 en los dos siguientes encuentros como local, ante el Elche y Valladolid, con buen resultado.

En busca de la reacción a domicilio llegó el último cambio de sistema, el más perceptible, ante el Almería. Sin el lateral Fernández, el técnico optó por defensa de cinco, haciendo debutar a Diegui como carrilero. El resultado no fue bueno, pero condicionado por un error a balón parado. Con el marcador en contra el técnico volvió a la defensa de cuatro y hubo oportunidades para empatar, pero los riesgos que corrió el equipo para ello le costaron dos goles.

El pasado domingo ante el Mallorca el equipo salió con cinco defensas, pero en esta ocasión con un solo delantero, no dos como en Almería. El equipo empezó bien y se adelantó en el marcador, pero los insulares empataron y, nuevamente, el técnico volvió al 4-4-2 para buscar una victoria que finalmente llegó. En definitiva, el equipo depende más de la actitud y, sobre todo, de no cometer errores de bulto que del sistema. El próximo domingo en Anduva será una nueva prueba para ver si el equipo reacciona.

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