El Comercio
Real Oviedo

Adiós 'burrita', muchas gracias

Camuel, en su etapa de jugador.
Camuel, en su etapa de jugador.
  • El portero del Real Oviedo Esteban recuerda al que fue su amigo y mentor Camuel, exjugador de club azul, recientemente fallecido

Recuerdo como si fuera hoy cuando con 13 años te conocí. Era portero del infantil del Avilés y me mandaron un viernes a entrenar con los porteros del primer equipo. Aquella estampa de un señor mayor, con bigote, que se acercó a mi para decirme «ya les puedes decir a tus amigos que entrenaste con Camuel». Por aquel entonces no me llamabas ‘hermano’, como luego acostumbrabas a hacer, pero ya me diste la primera lección, porque cuando alguien dijo a los jugadores del primer equipo que no me tiraran muy fuerte, que era pequeño, tú, serio y mirándome a los ojos, soltaste «si quiere ser portero, tiene que llevar algún balonazo en la cara». Desde entonces entrenábamos todos los viernes y para mí era el día más especial de la semana porque iba a estar contigo y me sentía futbolista sin serlo todavía.

Luego, unos años más tarde, con los compañeros del Avilés íbamos después de entrenar a tu pub, a tomar un refresco y un pincho, -125 pesetas-, que nos hacían disfrutar de tu simpatía y buenos consejos. Los mejores recuerdos son de la época en la que eras el delegado del Avilés, siempre a mi lado, siempre dándome cariño, en especial en los días malos, que al principio fueron muchos y siempre te tuve.

Muchas veces recuerdo cuando me decías «hermano, hay que salir de puños y, si coges balón, fenómeno. Si no, hay que coger carne». Cuando pasaron los años y me atreví un día a bromear contigo: «Tú sueles coger más carne que balón casi siempre».

Nuestra relación se fue estrechando, aquellas tardes de sábado en tu bar viendo el fútbol, con tus hijos Dani, Javi e Iris, una niña que apenas caminaba y pasaba las tardes con Nuria y conmigo. No solo me dabas consejos de fútbol, también de la vida, me decías «esta novia tuya te va a hacer ganar mucho dinero, porque no es caprichosa». Cenas contigo y Manoli que saboreaba al máximo y que hoy son un recuerdo imborrable. En una ocasión, después de un mal partido contra el Barcelona, me llamaste: «Hermano, a mí en la cafetería no me los pueden meter». Fue suficiente.

Muchas veces nos reímos de cuando, saliendo del Carlos Tartiere, con Tomás Medina, un periodista me preguntó si había firmado el contrato. Como me habían pedido, respondí «faltan flecos» y tú, a voces desde la puerta, «hermano, te guardo la ropa del Oviedo en el maletero». Claro, tuve que reconocer que ya había firmado.

«Eres un pulpo, nunca vi unos brazos tan largos», me solías decir. El sábado pasado cuando hablamos noté que tu voz se apagaba. Recordé que tenía pendiente ir a buscarte para ir un entrenamiento a El Requexón y luego ir a comer, después, a lo mejor, tomar una ‘bicicleta’. No pudo ser.

'Burrita', la vida te castigó, más de una vez, pero siempre saliste airoso. Ahora, como cuando era niño puedo decir que no solo entrené con Camuel, también fui su amigo.

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