El Comercio
Real Oviedo

Un obrero de los banquillos seducido por el proyecto azul

Anquela, en el estadio del Alcorcón, el club al que condujo desde Segunda B hasta las puertas de Primera.
Anquela, en el estadio del Alcorcón, el club al que condujo desde Segunda B hasta las puertas de Primera. / JOSE RAMON LADRA
  • Anquela, que guió a sus cimas históricas al Huesca y al Alcorcón, tratará de implantar su modelo en el Tartiere, un estadio que «se come a los futbolistas»

Ambicioso y temperamental, Juan Antonio Anquela (Linares, 1957) ha forjado la etiqueta de rey Midas de los equipos modestos que ha propiciado su llegada al Real Oviedo en el Alcorcón y el Huesca. Dos clubes en los que desembarcó con la alargada sombra del descenso en sus estadios y a los que hizo soñar con la élite del fútbol nacional fruto de un rendimiento ascendente que da brillo a una trayectoria en los banquillos iniciada en Jaén y examinada ahora en el Carlos Tartiere, un escenario por el que el técnico andaluz profesa un elevado respeto.

«Este campo se come a los futbolistas, se los come enteritos. Para ser futbolista del Oviedo hay que ser futbolista de verdad», afirmó el entrenador jienense, con la oratoria coloquial que le caracteriza, en la sala de prensa del municipal ovetense, justo después del empate entre los azules y su equipo en la tercera jornada liguera de la temporada 2009-2010, la que iba a catapultar su figura a nivel mediático. Lo propició su rol como arquitecto del 'Alcorconazo', el contundente triunfo (4-0) del humilde equipo del Sur de Madrid sobre el multimillonario Real Madrid en la temporada de regreso de Florentino Pérez a la presidencia del club.

«Íbamos ganando 3-0 y al descanso nos echó una bronca para recordarnos que no habíamos conseguido nada», rememora Diego Cascón, inquilino de la delantera 'alfarera' aquella campaña, para ilustrar el carácter de un entrenador que «nunca deja que te relajes». «Van a pasar muchísimos años para que alguien haga una machada de ese estilo", indica sobre la consecución de una ventaja que aguantaron quince días más tarde en un Santiago Bernabéu repleto y esperanzado en la remontada 'merengue'. «Teníamos un estilo de juego bastante alegre y vistoso para el público. Abríamos mucho el campo y aprovechábamos la velocidad de los hombres de banda, que nos daba mucha vida. Defensivamente Anquela trabaja el equipo de manera espectacular y mostrábamos una seguridad bestial», expone el ariete acerca de una temporada que concluyó con la celebración del ascenso a Segunda.

Asegurada la primera plaza con tres jornadas de antelación, el Granada negó el salto de categoría por la vía más rápida, pero el premio llegó tras una agónica eliminatoria contra el Ontinyent. «Ahí se creó el lema 'hasta el último minuto del último partido' que sigue existiendo en Alcorcón porque nunca dejábamos de creer. Íbamos perdiendo 0-2 y al final le dimos la vuelta para ganar, porque el empate no nos valía. Cuando tienes un entrenador que siempre está encima tuyo para que no te relajes es importante para conseguir grandes objetivos y en ese sentido él es un especialista», expresa Cascón sobre el impulso de un club al que Anquela había guiado hacia su primera participación en un 'play off' de ascenso a Segunda la temporada anterior.

«Después de un comienzo habitual en un equipo que luchaba por una permanencia holgada, cogimos una gran racha en noviembre de más veinte partidos sin perder», explica el exoviedista Nacho Calvillo, presente en aquel conjunto armado de acuerdo a «la filosofía del míster». «Era un equipo muy bien plantado, que sabía bien a lo que quería jugar. Presionaba arriba y luego hacía muchísimo daño a balón parado, porque teníamos a Néstor (Susaeta) y era una faceta que Anquela cuidaba mucho», desgrana acerca de una estructura ordenada en torno a un «4-2-3-1 con dos pivotes defensivos en el que primaba el bloque con destellos de calidad».

La fórmula, aunque con distintos elementos, la continuó explotando para dejar al club madrileño a las puertas de Primera División, una categoría que el entrenador jienense probaría de forma efímera en el Granada. En la entidad nazarí fue destituido tras la disputa de la vigesimoprimera jornada mientras llegaban los anhelados refuerzos invernales. «Cuando estás tanto tiempo esperando para llegar ahí y sales del equipo sin que esté en descenso evidentemente te queda esa espina», reconoció en una entrevista concedida a este diario en la que asumía que «las cosas funcionan así».

Víctima de las urgencias fue también en Jaén, donde asumió las riendas del equipo de su municipio natal en su primera experiencia al frente en la categoría de plata del fútbol español. «Cogió un equipo a la deriva. Insistía en reforzar anímicamente a todo el mundo, que nos quitáramos esos miedos para incidir en las cosas buenas que teníamos, porque nos conocía de haber estado en el cuerpo técnico la temporada anterior, pero no tuvo mucho tiempo para darle su sello», confiesa Aitor Tornavaca sobre las doce jornadas que estuvo a las órdenes del nuevo entrenador del Real Oviedo.

«Meticuloso y bromista»

«Si te tiene que decir las cosas claras te las dice por tu bien», señala Cascón sobre un entrenador que «va muy de frente», como recordó antes de reencontrarse con él en el Tartiere Christian Fernández. Una personalidad sin dobleces que ha evidenciado en más de una ocasión, con reprimendas públicas para corregir el rumbo de su equipo a título colectivo o individual.

«Cuando llegué aquí Samuel era un mueble», aseguró en su primera temporada en el club oscense cuando se le cuestionaba acerca del nivel de protagonismo del mediapunta madrileño, que en la segunda temporada a sus órdenes multiplicó su rendimiento para mostrarse como un jugador diferencial. «Es de esos entrenadores muy activos y meticulosos en los entrenamientos, pero también muy cercano, bromista por momentos», explica Nacho Calvillo, con una visión similar a la de Cascón.

«Nos exigía, pero sabía exprimirnos a todos y sacaba lo mejor de cada uno», profundiza sobre el entrenador andaluz, que como jugador alcanzó la élite del fútbol nacional a mediados de los ochenta en la parcela ofensiva del Elche. Tras colgar las botas en el Jaén, inició dentro del cuerpo técnico de ese equipo una trayectoria en los banquillos compuesta por siete clubes en los que experimentó una escalada desde las modestas disciplinas del Melilla y el Águilas hasta su consolidación en Segunda a través de dos temporadas sin sobresaltos al frente del Numancia. Respaldado por una extraordinaria temporada en Huesca desembarca en el Carlos Tartiere.

«La afición es muy exigente, pero es un entrenador que puede encajar muy bien», augura Nacho Calvillo refrendando la opinión de otro exoviedista como Juanma Marrero. «En el fútbol me dices que va a pasar un burro volando y te digo que me des una silla para verlo. Puede pasar cualquier cosa», indicó en Huesca tras golear al Real Oviedo Anquela, con una afirmación que emplea con cierta frecuencia para remarcar la naturaleza caprichosa de un deporte en el que se ha labrado una reputación a base de constancia. La que le ha impulsado a conjugar su ambición con un proyecto que anhela la élite.

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