El presidente del Real Oviedo equipara el resultado del derbi a la batalla de Stalingrado

El presidente del Real Oviedo, el sábado, en El Molinón.
El presidente del Real Oviedo, el sábado, en El Molinón. / P. CITOULA

«Hay quien aún dice que Stalingrado fue solo una batalla más, como hay quien dice que un 1-1 después de catorce años es solo un punto», escribió

Eduardo Alonso
EDUARDO ALONSOOviedo

«Hay quien aún dice que Stalingrado fue solo una batalla más, como hay quien dice que un 1-1 después de catorce años es solo un punto». Son palabras del presidente del Real Oviedo, Jorge Menéndez-Vallina, recogidas en un mensaje colgado en una popular red social. El máximo dirigente azul, que recuerda los pormenores de la gran batalla de la Segunda Guerra Mundial y que incluye una foto propia en la ciudad rusa, explica que «cuando nos dimos cuenta, nuestro equipo estaba en Tercera jugando en campos de barro, teníamos otro equipo en la ciudad que pretendía hacernos sombra y todas las fuerzas establecidas pretendían hacernos desaparecer. ‘Asturias solo podía tener un equipo en Primera’». Y prosigue: «Todo parecía perdido. Pero a veces la soberbia es mala consejera».

Así es la comparativa que Jorge Menéndez-Vallina realiza entre la batalla de Stalingrado, en la Segunda Guerra Mundial, y el derbi del pasado sábado en El Molinón con el eterno rival.

Este es el texto íntegro que el presidente azul colgó en redes sociales:

«Hay quien dice que es solo un punto, como también hay quien dice que en Stalingrado (actual Volgogrado) solo se libró una batalla más durante la gran guerra.

En agosto de 1942 las tropas del Sexto Ejercito de la Alemania Nazi lideradas por el General Friedrich Paulus entraron en Stalingrado, la ciudad a orillas del Volga. Fue un ataque rápido, la Wehrmacht acostumbrada a su exitosa Blitzkrieg (literalmente “batalla relámpago”) apoyada por la la Luftwaffe redujo buena parte de la ciudad a escombros, mientras las tropas terrestres tomaban la ciudad edificio por edificio, en lo que se llamó la «Rattenkrieg» ('guerra de ratas'). Nada parecía indicar que hubiera marcha atrás. El daño estaba hecho, la conquista a punto de ser rematada. El objetivo, el petróleo del Cáucaso y dañar la moral de la población y el orgullo de Iosif Stalin tomando la ciudad que entonces llevaba su nombre. La maquinaria de guerra alemana, bien engrasada, parecía imparable. Todo parecía perdido. Pero a veces la soberbia es mala consejera.

En el año 2003 la invasión fue brutal, por todos lados, rápida, casi sin tiempo a pestañear. Cuando nos dimos cuenta nuestro equipo estaba en tercera división jugando en campos de barro, teníamos otro equipo en la ciudad que pretendía hacernos sombra y todas las fuerzas establecidas pretendían hacernos desaparecer. “Asturias solo podía tener un equipo en Primera División”. Todo parecía perdido. Pero a veces la soberbia es mala consejera.

Paradojas del destino. Desde Alemania se llamó Fall Blau o, lo que es lo mismo, Operación Azul. La Wehrmacht había llegado al Volga y había dividido la ciudad en dos. Todo un éxito. Pero como decía el poeta jienense Bernardo López: “no puede esclavo ser, pueblo que sabe morir”, y los rusos al igual que la afición del Real Oviedo sabían morir. Stalin, literalmente, prohibió la rendición. NI UN PASO ATRÁS. No solo las tropas soviéticas, toda la población civil debería permanecer en la defensa de la ciudad. Hombres, mujeres y niños. Todos lucharon por recuperar lo suyo. Aguantaron en la orilla oeste del Volga a la espera del frío invierno. El frío congelaba las aguas del Volga, que podía ser cruzado por maquinaria pesada. Y así, meses después la gran contraofensiva Soviética metió al Ejército Alemán en “Der Kessel” (El Caldero). Acorralados los 250000 alemanes, débiles y hambrientos, obligaron a Paulus a rendirse en Febrero de 1943. La victoria del Mariscal Gueorgui Zhúkov y de su General al mando de la defensa de Stalingrado Vasili Chuikov, contra todo pronóstico, cambiaría (seguramente sin saberlo) el curso de La Segunda Guerra Mundial.

Nadie sabe si fue un error de la Alemania Nazi o un acierto de la Rusia Soviética, pero la batalla se decantó del lado de los Aliados. No cabe duda que la tenacidad, arrojo y si me permitís el orgullo, valor y garra de la población rusa fue pieza clave en toda la historia. No, no se trataba de una batalla más. Era el comienzo del fin. La Alemania Nazi por primera vez era consciente de su debilidad, de sus problemas logísticos (abastecimientos, combustible, etc) y desde ese momento, la Gran Rusia a los pies de Mamáyev Kurgán comenzaba su particular vuelta a la lucha. Mamáyev Kurgán significa en Ruso, la colina de Mamáy (que fue un poderoso e importante jefe militar de la Horda Azul, descendiente de Gengis Kan).

Hay quien aún dice que Stalingrado fue solo una batalla más, como hay quien dice que un 1-1 después de 14 años es solo un punto».

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