«La semana del derbi pasé noches en la ventana para ver si paraba de llover»

El jardinero Cency Iglesias, ayer, sobre el césped del Carlos Tartiere./ÁLEX PIÑA
El jardinero Cency Iglesias, ayer, sobre el césped del Carlos Tartiere. / ÁLEX PIÑA

Cency Iglesias trabaja desde hace diez años para intentar que el césped del Carlos Tartiere se encuentre en las mejores condiciones

RAMÓN JULIO GARCÍAOVIEDO.

Es, seguro, quien más horas pasa sobre el césped del estadio Carlos Tartiere, aunque nunca haya metido un gol ni realizado una gran parada. Sin embargo, también es protagonista: su labor previa permite a los futbolistas realizar después su trabajo cada fin de semana.

Cency Iglesias lleva más de diez años trabajando para que el maltrecho césped del Carlos Tartiere presente unas condiciones dignas para poder jugar, algo complicado por las características del estadio. En su caso se mezclan la profesión y su pasión, ya que es oviedista de nacimiento y fue miembro del grupo Symmachiarii y otras peñas.

En las últimas semanas, el estado del terreno de juego del Tartiere ha estado en primer plano de la actualidad. Primero con el encuentro ante Osasuna, que se jugó en medio de un temporal de agua, y después, y especialmente, en vísperas del encuentro ante el Sporting, cuando las fuertes lluvias hicieron temer por la celebración del encuentro.

Cency reconoce que cuando veía las lluvias de la semana previa al derbi tuvo «algunas dudas», sin embargo, «el sábado por la mañana ya tenía claro que se iba a jugar y al final se jugó». Lo que no olvidará es la presión vivida esos días, cuando muchos aficionados le preguntaban en redes sociales una y otra vez por el estado del campo y por si se iba a jugar.

«La semana del derbi fue de mirar por la ventana cada poco, levantarme por la noche a ver si paraba de llover y seguir las predicciones meteorológicas a cada momento en todas las páginas habidas y por haber. La verdad es que se sufre mucho», explica ahora con la satisfacción de haber logrado que el terreno de juego estuviera en condiciones de disputar un partido tan importante.

La relación de Cency con el estadio municipal ovetense viene de lejos: «Llevo unos diez años trabajando en el Tartiere, primero como colaborador y de apoyo, y desde hace cuatro o cinco años de continuo». En la actualidad es empleado de la empresa Green Natur, que es la adjudicataria municipal para el mantenimiento del terreno de juego.

Sin embargo, en las gradas lleva muchos más años siguiendo al equipo. «El primer partido que vi estábamos en Segunda División, en la temporada 1987-1988, jugamos contra el Recreativo y ganamos 5-2», recuerda. Desde entonces siempre fue seguidor incondicional de los azules. Una afición que transmitió a sus hijos: «Vivimos cerca del campo y cuando pasamos por aquí dicen 'ahí está el campo de papá'. Además muchas veces se acercan a verme y están como en casa».

Tras el encuentro ante Osasuna, los jugadores azules les regalaron a él y a sus compañeros las camisetas, como prueba de agradecimiento por el trabajo que habían hecho para que se pudiera celebrar el encuentro. También, tras el partido ante el Sporting, fue el propio club el que subió una foto de los jardineros que trabajaron en el campo para destacar su buena labor.

Esas muestras de agradecimiento no dejan de sorprender a Cency, quien reconoce que no se esperaba el protagonismo que le dan. «¡Que va, ni de coña!, comenta, al tiempo que añade que «desde hace dos o tres años para acá, la gente me hace sentir como uno más, con mucho apoyo y agradecimiento» y destaca que «incluso en los peores días hay mensajes que te levantan el ánimo».

En ese aspecto cree que juega con ventaja por su reconocido oviedismo: «Hay gente que me conocía de antes y saben que soy uno de ellos». Además, también quiere dejar claro que no son solo los aficionados los que le transmiten el agradecimiento. «Me siento apoyado por todo el mundo, por parte de mi empresa, del Ayuntamiento, del club, de los futbolistas y por parte de la afición», comenta Cency. En ese sentido, añade, «no puedo pedir más, me lo dan todo y tengo que intentar devolvérselo».

Antes del inicio de los encuentros es una imagen habitual ver a muchos jugadores charlando con Cency. «Algunos preguntan cómo está el césped, son momentos en los que hay los habituales nervios de antes de un partido», indica. En este aspecto asegura que «me gusta hablar con ellos porque te facilita el trabajo saber lo que les inquieta, para buscar soluciones».

Aunque en el descanso de los partidos también tiene cierta tare, su trabajo acaba cuando comienza el encuentro: «Cuando pita el árbitro estoy más tranquilo, luego sufro por el campo, porque voy viendo cómo se va comportando, pero cuando el balón echa a rodar ya no hay nada que hacer, está todo el pescado vendido y solo queda esperar».

Esta época del año es la peor para el césped y el tiempo no acompaña demasiado. «Febrero está siendo un poco duro, hubo 18 días de agua y está dejando el campo tocado», explica el responsable del mantenimiento.

El problema del terreno de juego viene desde la construcción del estadio y la solución definitiva todavía no ha llegado -«desde siempre tiene muchos problemas, como la ubicación, la luz y otros»-, sin embargo considera que se puede paliar eso: «Actualmente, con las tecnologías que hay, seguramente se podría mejorar bastante, pero hace falta una inversión importante».

En cualquier caso recuerda que no es el peor momento del terreno de juego y destaca que «el año de Sarriugarte fue muy duro para el campo, pero hubo un punto de inflexión y empezó a mejorar». Además, recuerda que «el mejor año para el césped fue el primero tras el ascenso a Segunda División». Pese a todo, es optimista y afirma que «ahora estamos teniendo algún problema, pero con trabajo se solucionará».

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