La situación a nivel mental

JON CARRERA

Visitaba el Real Oviedo el campo municipal de Santo Domingo de Alcorcón. El mismo equipo con el que Juan Antonio Anquela se ganó a los oviedistas en rueda de prensa allá por 2008. Un estadio que es como una pesadilla para los seguidores azules: desde ver debutar a Generelo (que jugó bien en Cádiz) en el banquillo oviedista hasta contar los partidos por derrotas.

Las visitas a Alcorcón tienen ese aura de encerrona, como pasa en Primera (y en Segunda) con el Eibar. Simplemente porque el terreno de juego mide como la mayoría. Es un tapete y las porterías tienen redes.

No le hizo falta al Alcorcón ser ese equipo que te gana a cabezazos. Ni a Santo Domingo parecer el Ali Sami Yen de Estambul. Porque más allá de la derrota, la sensación es que al Real Oviedo se le arañan puntos con poco y que, una vez arañados, no te van a ser arrebatados. Un par de soplidos y el equipo se derrumba y es incapaz de hacernos creer en algo. Ni siquiera en los intangibles por erosión (tan de moda en estos tiempos).

Y es que, más que la situación clasificatoria, me preocupa la situación a nivel mental. Ya sé que la plantilla debe abstraerse y que va en el sueldo, y todas esas teorías de chigre. Pero ni nosotros como aficionados, ni los jugadores como profesionales, vivirán el partido del Lugo en el Carlos Tartiere igual que si estuviéramos abrazados al ‘play off’. Y el que lo niegue, que tire de hemeroteca y recuerde aquel ‘primer beso’ de Anquela.

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