El sonido del murmullo

JON CARRERA

Afrontaba el Real Oviedo el inicio de esa cadena de rivales que tan bien se le había dado a sus competidores. Quien más quien menos ya había hecho sus cuentas sobre los puntos que se harían, como aquel entrenador que jugaba a la quiniela con el calendario de su equipo y que cada lunes tenía que modificar su predicción tras el desastre del domingo.

Y lo hacía precedido de una rueda de prensa bastante significativa. El bueno de Juan Antonio Anquela expuso la realidad del equipo las últimas semanas, tónica habitual durante la temporada. No tan habitual fue el aspecto referido a la afición. Las flores habituales se convirtieron en un SOS en toda regla. Como si previera el sonido del murmullo. No hay nada peor en el Tartiere que el murmullo.

Todos preferimos que nuestra pareja nos grite el escueto 'tenemos que hablar'. Ese murmullo que se adentra en la confianza del futbolista hasta dejarla por el suelo. Confianza (la de todos) que quería recuperar el jienense haciéndonos partícipes por si la cosa no pintaba como habíamos imaginado.

El ida y vuelta del primer acto ayudó a derrumbar el decorado que había dibujado Anquela. Expulsión, gol de Linares y descanso. Parecía el camino a un sencillo triunfo, pero el Oviedo pagó no 'matar' el partido. Cuando el murmullo asomaba, Linares lo ahuyentó con el segundo gol.

Viaje a Pamplona. Ganar sería dar un paso de gigante. No hacerlo, vuelta al hábitat natural para el murmullo contra el Sevilla Atlético. Pero para eso aún quedan dos semanas... A no ser que alguno o alguna tenga una charla pendiente en casa.

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