Fervor oviedista en San Mateo

Fervor oviedista en San Mateo
MARIO ROJAS

La visita de seis jugadores del conjunto azul hace rebosar el chiringuito de la Aparo | Toché, Saúl Berjón, Javi Muñoz, Alanís, Steven, Saúl Berjón y Bárcenas estrecharon lazos con la afición tras una visita con tintes de baño de masas

I. ÁLVAREZ

Ante el enésimo desplazamiento masivo azul en Lugo, Juan Antonio Anquela reiteró en la sala de prensa del Anxo Carro una idea que expresó desde sus primeras semanas en el banquillo local del Carlos Tartiere acerca de la fidelidad de los seguidores del conjunto carbayón. «Nos ganan por goleada», ensalzó el técnico jienense sobre un respaldo incondicional que este martes encontró una forma de correspondencia al compartir jugadores y afición las fiestas de San Mateo.

En un evento ya convertido en tradición, media docena de jugadores del conjunto carbayón visitaron el chiringuito de la Asociación de Peñas del Real Oviedo (Aparo). Los capitanes Toché y Saúl Berjón, junto a Steven, Javi Muñoz, Alanís y Bárcenas se dieron un baño de masas durante la tarde de ayer, estrechando el vínculo con su afición en su jornada de descanso, que en esta ocasión coincidió con la gran jornada festiva de la Aparo en una semana especial para los habitantes de la capital del Principado.

Con el dulce regusto del triunfo en el Anxo Carro, aficionados y jugadores disfrutaron juntos en una tarde que se transformó en un goteo incesante de 'selfies' con la banda sonora de canciones de apoyo al conjunto oviedista. Los jugadores, pacientes y amables para atender las numerosas peticiones de todos los aficionados dispuestos a disparar las cámaras de sus teléfonos para inmortalizar el momento de unión, al que tampoco quiso perderse el presidente de la entidad carbayona, Jorge Menéndez Vallina.

Con chocolate con churros para que los seguidores oviedistas más jóvenes endulzasen su exigida garganta, la tarde sirvió para que Javi Muñoz, Bárcenas y Alanís se empapasen de la devoción que la afición siente por su equipo. El central mexicano, el último en sumarse al vestuario, incluso se atrevió a tirar alguna caña para echar una mano a los periodistas que ejercían de camareros de excepción. Cuando los jugadores dejaron el chiringuito, la fiesta continuó con los cánticos habituales en cada partido en el Carlos Tartiere.

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