El Real Oviedo cae ante el Zaragoza en el Tartiere (0-4)

El Real Oviedo cae ante el Zaragoza en el Tartiere (0-4)

Contundente derrota para el conjunto azul en un partido en el que no se puede rescatar nada del juego de los locales

Ramón Julio García
RAMÓN JULIO GARCÍAOviedo

Sin paliativos y merecida fue la contundente derrota que el Real Oviedo sufrió este sábado ante el Zaragoza, 0-4, en un partido en el que no se puede rescatar nada del juego de los azul. El equipo fue un repertorio sin fin de todo tipo de errores, que el rival aprovechó.

Ninguna de las virtudes del equipo en las primeras jornadas afloró ayer en el Carlos Tartiere y la primera derrota azul llegó con estrépito y profunda decepción para los aficionados.

Finalmente Anquela introdujo un cambio en el once en relación con el de las tres primeras jornadas, que fue la presencia de Joselu como delantero de referencia, en sustitución de Toché.

El equipo azul no entró bien al partido. Los compases iniciales fueron para los visitantes, que sin necesidad de hacer un gran juego, ni exponer demasiado pronto comenzaron a avisar sobre la portería de Alfonso. Los de Anquela no acababan de hacerse con el balón y eso hacía que sufrieran atrás. Las primeras acciones de peligro llegaron en acciones a balón parado, pero no hubo acierto en el remate. Los locales parecían esperar a que el Zaragzoza cesara en su acometida inicial, pero eso no fue así. Al contrario, los maños se fueron haciendo con el control del partido y eso les llevó a adelantarse en el marcador. Un balón largo desde el centro del campo lo aprovechó Álvaro Vázquez para ganarle la espalda a Carlos Hernández y entrar en el área. Luego fusiló a Alfonso con un disparo cruzado que el meta no pudo alcanzar.

El conjunto de Anquela se había convertido por entonces en un equipo previsible, que no era capaz de avanzar ni por el centro, ni por los costados, ni siquiera de hacer que el balón le durara en su poder. La conclusión era que tocaba sufrir y tratar de rehacerse de un muy mal inicio.

El equipo no funcionaba. El centro del campo lejos de ese juego que en las primeras jornadas había sido fluido y de control, se convirtió en una máquina de dar balones al contrario y ser previsible, con ventajas continuas para un Zaragoza que realizaba transiciones rápidas hacia la portería local, que en cualquier momento pudieron costar el segundo.

Antes de la media hora los carbayones parecía que pedían el descanso para rearmarse, ya que no eran capaces de ser ni la sombra de lo que habían mostrado en los albores de la temporada. Tan poco le estaban gustando las cosas a Anquela, que contra su costumbre, en los últimos minutos de la primera mitad ya puso a calentar a Folch y Aarón Ñíguez, muestra inequívoca de que el equipo no funcionaba.

A cinco minutos del final de la primera mitad, Saúl Berjón, que buscaba el balón por todas las zonas del campo, encontró a Bárcenas en la frontal, pero el panameño estaba demasiado forzado y acabó disparando muy alto.

Fue la única ocasión antes que el riojano Ocón Arráiz mandara a los dos equipos al vestuario. El conjunto azul había sembrado más dudas en los primeros 45 minutos que en los tres partidos previos y no mostró ninguna de las virtudes que se le suponían.

En el descanso Anquela dejó en la caseta a Boateng, para dar entrada a Folch, que fue el pivote defensivo y Tejera adelantó su posición.

Un inicio prometedor para los locales, que parecía había mejorado con Folch en el centro, desembocó en el segundo gol visitante en un remate de Verdasca tras un saque de esquina.

Sin nada que perder Anquela se la jugó con la entrada de Toché por Javi Muñoz yde Aarón Ñíiguez por Diegui Johannesson. Bárcenas pasó al lateral derecho.

El equipo no mejoró en el juego, pero dio un paso adelante, lo que comenzó a generar algo de peligro, como un saque de esquina que no remataron por poco Christian Fernández y Toché. Tampoco hubo fortuna en un centro de Saúl Berjón que se paseó por el área pequeña sin encontrar ningún pie.

El juego de los azules no tenía patrón e iba por impulsos ante un Zaragoza muy ordenado y que tenía el partido donde lo quería. No fucionó el centro del campo, ni las bandas, ni el remate en los balones que llegaban al área, producto muchas veces de la desesperación del equipo.

El equipo volvió a regalar atrás y Igbekeme lo aprovechó para hacer el tercero y dejar el partido sentenciado cuando faltaba casi un cuarto de hora para el final y algunos aficionados empezaron entonces a desfilar para abandonar el estadio.

El desbarajuste azul no parecía tener fin y el cuarto llegó en otra concatenación de errores que Soro aprovechó para cabecear solo en el segundo palo.

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